lunes, febrero 02, 2009

El meme del 7

Hacía mucho tiempo que no me encontraba teniendo que responder a un meme. Esta vez la culpable en cuestión es Joana, a la que se le agradece que se acuerde de uno, aunque sea para darle faena en pensar sobre qué 7 cosas o hechos puedo escribir.
Mientras escribo estas mismas líneas aún me asalta la duda sobre qué escribir. ¿Los 7 días de la semana? ¿Los 7 pecados capitales? ¿7 personas importantes para mí? Cualquier cosa serviría y sin embargo no acabo de verlo del todo claro, aunque creo que finalmente me decantaré por algo más sencillo y más convencional, cómo por ejemplo las 7 películas que ahora mismo tengo en la cabeza y que pienso ver en cuánto encuentre el momento adecuado para ello, sin importar si ya han sido vistas con anterioridad.
Así que una vez escojido el tema, vamos allá.
1. El Hacón Maltés. Cómo buena piedra angular del cine negro, tan amado por mí, esta película combina a priori toda clase de ingredientes que la convierten en muy recomendable para afrontar una tarde oscura y lluviosa. El sombrero de Bogart, sus sombras simbólicas y ese cierto realismo social envuelto de misterio atraen, y mucho, a cualquier amante del buen cine. Y si lleva la firma de John Huston, mejor.
2. Brazil. La encontré por casualidad hace ya un tiempo y no dudé un segundo en comprarla. Una distopía rodada significativamente en el año 1984, cómo el título de la novela de Orwell. Forma parte de esa clase de historias que acostumbran a interesarme con fruición y no es para menos, con Terry Gilliam a la cabeza. Aunque con ella me sucede algo curioso, y es que aún no he sido capaz de verla en su totalidad. El motivo no es que sea una cinta aburrida o demasiado larga, sino que siempre me pongo a verla a horas intempestivas y claro, acabo quedándome dormido.
3. Conan el Bárbaro. Genial exponente de ese cine de aventuras con componentes fantásticos que hoy se ha dejado de lado para dar paso a películas excesivamente recubiertas de efectos especiales. Esta historia transmite muchísima fuerza y para ello le basta con un protagonista terco en gestos y en palabras, un malvado de mirada antológica, una banda sonora inolvidable y unos diálogos plenos de épica que no firmaría la pluma del mejor de los escritores de género. ¿Alguien se acuerda de la respuesta a la pregunta "Conan, qué es lo mejor de la vida"?
4. Fitzcarraldo. Resulta difícil hablar de esta cinta sin hurgar en el carácter obsesivo de su director, Werner Herzog, así como en su desconcertante colaboración con su rutilante e imprevisible estrella, Klaus Kinski. En esa relación se suscriben algunas de las páginas más brillantes del cine aunque salpicadas, eso sí, por amenazas de muerte, accidentes, insultos e incluso intentos de asesinato entre ambos. De toda esa furia acumulada nacieron verdaderas obras de arte, como ésta, en que un amante de la ópera jura que llevará su música preferida a un remoto rincón del lejano Perú, y para llevar a cabo su quijotesca empresa necesita transportar un enorme barco de vapor al otro lado de las montañas hasta un terreno aislado en plena selva amazónica.
5. El cielo sobre Berlín. Una suntuosa fantasía que nunca he visto, pero de la que siempre me han fascinado sus imágenes y el ambiente mágico y triste que la envuelve. Es la historia de un ángel enamorado de una mujer mortal. Película atmosférica y elegíaca, de contrastes, en la que el cielo aparece en blanco y negro, a diferencia del mundo de los humanos, que se nos muestra con vivos colores. Quizás si su director, Win Wenders, la hubiese rodado hoy en día, hubiera intercambiado ambas gamas de colores para representar mejor el mundo que nos rodea.
6. Campanadas a medianoche. La fascinación de Orson Welles por Shakespeare se plasmó a lo largo de toda su carrera en títulos como "Otelo" o "Macbeth", sin embargo, su mayor logo es esta adaptación de "Enrique IV". Las réplicas agudas de Shakespeare nunca han sido tan gloriosamente interpretadas como por Welles, aquí en el papel del gordo, borracho, alegre y réprobo Falstaff. Welles siempre demostró ser un maestro en la optimización de recursos a la hora de crear obras maestras. En este caso, hizo actuar a John Gielgud en el papel de Enrique IV en tan sólo diez días. Después, cuándo se marchó, creó las tomas en que aparecía de espaldas sustituyéndole con un extra español. De hecho, según el propio Welles, hay una escena en la que aparecen los siete actores principales y en la que, literalmente, ninguno de los fotografiados es quién se supone que debe ser.
7. Matar a un ruiseñor. En la ceremonia de los Oscar de 1962, la estatuilla al mejor actor contaba con cinco nominados de excepción. Peter O'toole por "Lawrence de Arabia", Burt Lancaster por "El hombre de Alcatraz", Marcello Mastroianni por "Divorcio a la italiana", Jack Lemmon por "Días de vino y rosas" y Gregory Peck por "Matar a un ruiseñor". Aquel premio podría haberse subtitulado como duelo de titanes, a tenor de la talla y nivel de los nominados. Finalmente, el vencedor fue Peck por su actuación en esta película, en el papel del no va más de todos los hombres decentes.
Bueno, eso es todo, que no es poca cosa. Me abstengo de reenviar el meme porque hace ya algunos días que lo recibí y he tardado un poco en contestarlo.
Imagen (El cielo sobre Berlín) de http://blogfile.paran.com

3 Comments:

Blogger Joana said...

Saps, sabia que escriuries de cinema, bueno, tenia el presentiment!
Gràcies, m'ha encantat!
Un petonet

10:32 p. m., febrero 02, 2009  
Blogger Dr. Flasche said...

caramba, no he vist cap d'elles!

6:59 p. m., febrero 05, 2009  
Blogger maria said...

Ahora sí, siete de siete.

- ¿Qué es lo mejor de la vida?
- La extensa estepa, un caballo rápido, halcones en tu puño y el viento en tu cabello…
- ¡Mal! Conan, ¿qué es lo mejor de la vida?
- Aplastar enemigos, verles destrozados y oír el lamento de sus mujeres.

pura poesia... xdd

y por cierto, ¿sabes que es el honor para Falstaff?

petons&emocions

11:25 a. m., febrero 25, 2009  

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