lunes, octubre 19, 2009

De nuevo en Lisboa (1)

La noche aún cubre un cielo dormido, algunas luces pasan pacientemente junto a la ventana y un par de faros iluminan la carretera que me lleva hasta el inicio de mi viaje. A ciertas horas, cuándo aún es muy temprano para pensar demasiado, resulta más fácil dejarse llevar por las intuiciones y por los pequeños detalles que relucen al otro lado del cristal. Es un momento dulce en el que detenerse.

De repente, un fogonazo nos despierta y vislumbramos la hoja dorada de una espada que con su destello nos atraviesa la mirada en medio de lo oscuro. La nueva terminal del Prat es impresionante y su primer vistazo nos sorprende más de lo esperado. Desde el vasto filo de esa hoja estaba a punto de despegar el vuelo que surcando el cielo de la península, iba a llevarme de nuevo hasta Lisboa.

Muchas voces me habían consultado acerca del sentido que tenía regresar a la capital de Portugal, en lugar de marcharme a conocer otros parajes y paisajes. Supongo que no debía faltarles razón, pero cuándo a uno se le graban a fuego en la memoria y en el corazón las calles de Lisboa, sus paisajes, sabores y sonidos, hasta el punto de que permanecen presentes de forma casi constante en cada suspiro y cada atardecer a lo largo de un año entero, a uno no le queda más remedio que rendirse a lo que dicta el corazón. Cuándo uno se enamora de Lisboa, no queda más remedio que rendirse a ella y regresar a sentirla de cerca.


Así, mientras el avión despegaba y también el amanecer despegaba con nosotros, mi cabeza empezaba a remontarse a algunas de las imágenes que un año atrás me había dejado mi primera visita a esa ciudad hermosísima: Alfama, el Chiado, la Baixa Pombalina, Liberdade, Bélem y los Jerónimos, el Fado y su nostalgia... me moría de ganas de volver a caminar por Lisboa. Me invadía la sensación de que en lugar de estar viajando, estaba haciendo otra cosa bien distinta: estaba regresando.

Y es que el regreso implica algo más profundo que el simple viaje, porque en el regreso además de ir en busca de algo nuevo y desconocido, también nos dedicamos a buscar pedazos de nosotros mismos. Y fue precisamente así, buscando pedazos, como volví a pisar la casi milenaria ciudad de Lisboa.

Imagen de http://e-le.es/sonsoles/files/2009/03/lisboa.jpg

1 Comments:

Blogger LaURi said...

se ha hecho de rogar tu primera crónica... como siempre, precioso y única tu forma de expresarte!

un beso cariño!

1:20 p. m., octubre 19, 2009  

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