Al ruedo

de gloria fatal
con José Tomás
en la arena gastada
de la Monumental.
Se esfuman los piropos
de nazareno y oro
con el aire sereno
del maestro Juncal
frente al bravo toro,
y los gitanillos lloran
junto a un ex-matador
que ante la plaza clausurada
carga con su muleta caducada
añorando los gritos
y el capote plegado
para dar el pase cambiado
más hermoso
que está en los escritos
del siglo pasado.
Manolete, Belmonte,
Paquirri, Espartero,
Espartaco, Antoñete
y don Curro Romero,
sus nombres son testigo
del recuerdo malnacido
en el pitón mortal
del pobre animal,
y hoy, ante el veto taurino
unos gritan: ¡asesinos!,
y otros lloran por el arte
porque tendrán que marcharse
con su cultura a otra parte.
Y yo, pobre de mí,
ausente de todo,
al pensar en tauromaquias,
novilleros y corridas,
enlutado en el decoro,
me quito el sombrero
y rememoro sonriendo
el recuerdo abigarrado
del debate de los toros.
Va por ustedes.